En la parte más oscura de la luz azul, pero más clara que la luz violeta, veo cómo se despierta un punto que se agranda hasta llegar a ser una espiral dorada. Comienza a taladrar en el medio de mis cejas. Terciopelos índigos pintan el cielo. Camino la oscuridad, piso el índigo natural de las siemprevivas. Aroma a tierra mojada, se aproxima el amanecer. El tiempo se detiene y comienzan mis visiones. Con esta prosa poética, Graciela Kovacic da inicio a una historia ambigua acerca del amor que navega en las sombras, en los miedos, en los secretos, y se desarrolla a través de la búsqueda de lazos genuinos. Dos amigas, la misma herida y dos maneras de vivir entre la dualidad de lo real y lo onírico, de la desesperación y la esperanza.